Retrato de caniche a lápiz

Nunca he sentido especial inclinación por los caniches, pero este dibujo a lápiz me encanta.
Cuando vi la foto, me pareció imposible poder plasmar semejantes bucles, ondulaciones y el increíble enmarañamiento de su sedoso pelaje. Me quedé sumido en el mayor de los desconciertos mirando el papel en blanco durante horas... Completamente desanimado, y sabiendo que era imposible, desistí de hacer un dibujo elaborado. Pero ya que tenía un papel en blanco ante mí y un lápiz en la mano, me puse a esbozar, a garabatear mientras hablaba por teléfono. Pensar en otra cosa me desbloqueó la mente y dejé que mi mano se divirtiera sobre el papel. ¡Estuve al teléfono un buen rato !
Cuando colgué, el retrato del caniche había aparecido en el papel como por arte de magia. Ahí estaban los bucles y ondulaciones, y sólo tuve que reforzar las sombras, multiplicar los pelos...para lo que al final dediqué más de diez y más de veinte horas de trabajo y unos cuantos lápices a los que tuve que sacar punta hasta que eran inservibles. No olvidéis que al hacer la foto del retrato, todos los lápices "H", los grises más suaves, desaparece.

Cuando fui a entregar el retrato del caniche, los dueños quedaron encantados, pero el maldito perro, defendiendo su territorio de los intrusos, me mordió la mano haciéndome sangre. Decididamente no me gustan los caniches, pero son un modelo bellísimo para dibujar.

Tenía en mi posesión una fotocopia del dibujo enmarcado con el mismo marco que el original para poder exponerlo. Cuando el dueño del original vio la copia colgada en una exposición, me montó un numerito con paranoia incluida. Estaba convencido de que le había dado el "falso". Se hizo 100km para ir a buscar su cuadro y compararlo con la fotocopia, ¡¡y no veía la diferencia, que por otra parte saltaba a la vista!! El papel original es blanco, muy grueso. Los trazos originales son grises llenos de matices mientras que en la fotocopia aparecen negros .
¡Pero en fin!... ¡Habrá que aguantarse! Con diplomacia...claro...
A veces me supero, me sorprendo, me desconcierto a mí mismo ...
No, aquella vez no acabé mordiendo al cliente, y bien sabe Dios que lo merecía

A la izquierda, el retrato de un westie.


He aquí otro dibujo extraordinario.
El de este pastor picard, a la derecha


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